America 250: Serví porque Estados Unidos vale la pena defender
Imperial Valley Press
Asambleísta Jeff Gonzalez
26 de Junio de 2026
En poco menos de una semana, Nuestro pais celebrará 250 años de independencia.
Para algunos, este aniversario estará marcado por fuegos artificiales, desfiles y celebraciones. Para mí, significa algo mucho más personal.
Soy hijo de un inmigrante.
Mi padre llegó a este país desde México en busca de oportunidades, convencido de que Estados Unidos ofrecía algo único: la oportunidad de construir una vida mejor a través del trabajo arduo, el sacrificio y la determinación. Como generaciones de inmigrantes antes que él, llegó con poco más que esperanza y la convicción de que, si trabajaba duro, podría construir un mejor futuro para su familia. Gracias a su valentía, crecí con oportunidades con las que millones de personas en todo el mundo aún sueñan.
Pude ir a la escuela, hacer amistades para toda la vida y soñar en grande. Después de graduarme de la preparatoria, decidí servir al país que le había dado tanto a mi familia. Me enlisté en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos y finalmente serví durante 21 años, incluyendo cuatro despliegues de combate en Irak y Afganistán.
No serví porque Estados Unidos es perfecto.
Serví porque Estados Unidos vale la pena defender.
Como muchos veteranos, mi servicio vino acompañado de sacrificios que me siguieron hasta casa. Las heridas físicas de la guerra me dejaron con una discapacidad permanente, y las heridas emocionales también permanecieron conmigo. Perdí a diez Marines por suicidio. El peso de esas pérdidas es algo que llevo conmigo todos los días. Hubo un momento en el que estaba luchando tan profundamente que estuve a punto de convertirme en el número once. Lo que me salvó fue el apoyo de mi familia, de mis compañeros veteranos, mi fe en Dios y el recordatorio de que, incluso en nuestros momentos más oscuros, siempre existe esperanza.
Esas experiencias moldearon a la persona que soy hoy. Son la razón por la que lucho con tanto empeño por los veteranos, las familias militares y quienes sienten que han sido olvidados.
Hoy tengo el honor de servir en la Asamblea del Estado de California. Actualmente soy el único veterano militar que sirve en la Asamblea, vicepresidente del Comité de Asuntos de Veteranos y Militares de la Asamblea y copresidente del Caucus Legislativo de Veteranos de California. Cada día tengo el privilegio de ser la voz de quienes vistieron el uniforme y de quienes siguen cargando las heridas invisibles del servicio. También he tenido la oportunidad de construir amistades con colegas de ambos partidos políticos, porque cuando trabajamos juntos podemos lograr mucho más que cuando permitimos que la política nos divida.
Pero los títulos que más orgullo me dan no son el de asambleísta ni el de Marine.
Son el de esposo de mi esposa superhéroe, Christine, y padre de nuestros cuatro increíbles hijos.
Estados Unidos me dio la oportunidad de casarme con el amor de mi vida, formar una familia y defender a mi hijo RJ y a otras personas de la comunidad con discapacidades. Me dio la oportunidad de servir a mis vecinos y representar a las comunidades que amo.
Por eso America 250 es tan importante.
Este aniversario pertenece a todos los estadounidenses. Es una oportunidad para reflexionar sobre de dónde venimos, celebrar lo que nos une y renovar nuestro compromiso con los ideales que han impulsado a nuestra nación durante dos siglos y medio.
En las últimas semanas, millones de personas de todo el mundo han viajado a Estados Unidos para la Copa Mundial de la FIFA. En las redes sociales, videos virales han mostrado a visitantes maravillados por la hospitalidad de los estadounidenses, celebrando nuestra diversidad cultural y disfrutando de experiencias que muchos de nosotros damos por sentadas. Verlos descubrir Estados Unidos con una nueva perspectiva ha sido un recordatorio de lo especial que realmente es este país. En un momento en el que parece estar de moda enfocarse en todo lo que está mal en Estados Unidos, los visitantes se están enamorando de la generosidad de nuestra gente, la fortaleza de nuestras comunidades y las oportunidades que siguen atrayendo a personas de todos los rincones del mundo. En muchos sentidos, están viendo la misma promesa que trajo a mi padre y a tantos otros a Estados Unidos durante los últimos 250 años.
No somos perfectos.
Nunca lo hemos sido.
Pero Estados Unidos sigue siendo el mayor experimento de autogobierno que el mundo haya conocido. Es una nación donde el hijo de un inmigrante puede convertirse en Marine, donde un veterano de combate puede servir en un cargo de elección popular y donde cada generación tiene la oportunidad de construir un futuro mejor que el de la anterior.
Mientras nos preparamos para celebrar 250 años de libertad, hagámoslo con gratitud. Honremos a quienes construyeron esta nación, la defendieron y se sacrificaron por ella. Enseñemos a la próxima generación no solo qué es Estados Unidos, sino también todo lo que Estados Unidos hace posible.
Le debo mi vida a este país.
Y nunca dejaré de amarlo. Nunca dejaré de luchar por él. Y nunca dejaré de creer en la promesa que ha inspirado a generaciones de estadounidenses durante casi 250 años.
Por los próximos 250 años.
